El Parque de Caldas
En el Centro de Popayán
Introducción.
El Parque de Caldas de Popayán es uno de los sitios más antiguos de la
ciudad y ha sido testigo de gloriosos episodios así como de trágicos
acontecimientos. Diseñado en forma tradicional y conservada por siglos,
hoy se ve amenazada con una transformación diferente a la tradición de
la ciudad.
El arquitecto payanés César Tenorio Gnecco, quien está terminando
estudios superiores en su arte en la ciudad de México, ha escrito el
siguiente articulo que incluye una histórica selección de fotografías
que muestran cómo ha evolucionado el Parque de Caldas.
Las fotografías fueron tomadas por: César Tenorio Gnecco,
Luís H Ledezma y Rafael Tobar.
El Parque de Caldas
En el centro de Popayán
Por: César Tenorio Gnecco
Fue creado con la ciudad en 1537; a su alrededor fueron construidas las casas
de los fundadores y las dependencias de los poderes religioso y gubernamental.
Inicialmente fue utilizada como plaza de mercado.
En 1538, en el centro de la plaza se colocó un cepo donde fueron decapitados
Jorge Robledo y Álvaro de Oyón, cepo que estuvo en este lugar hasta 1766 cuando
fue reemplazado por un chorro; este duró allí hasta 1805 cuando en su lugar fue
colocada una pila de cantería. Esta fue cambiada en 1910 por la estatua del
Sabio Caldas, obra del escultor francés Verlet; en la misma época fueron
sembrados los árboles que hoy adornan y rodean la escultura. [1]
El parque fue encerrado con una verja de hierro forjada por el maestro Julio
Ramos, junto con faroles primero y luego lámparas para iluminar la noche de los
payaneses; así se conservó algún tiempo, luego la verja fue quitada Y quedó como
actualmente lo vemos.

Foto muy antigua de la actual Plaza de Caldas,
fechada por Vejarano Varona en 1857.
Me tomó la licencia en este trabajo de copiar textualmente las palabras de
Jaime Vejarano Varona para describir este espacio urbano de Popayán:
“Entre las más viejas fotografías que conozco de nuestra Plaza principal, hay
una que nos ubica en la mitad del siglo pasado, cuando ese espacio cumplía las
funciones de mercado público. Frente a los clásicos Portales aparecen varias
bestias de carga pastando en campo de césped, en tranquila espera de sus dueños
ocupados en la compraventa de productos junto a toldas elementales levantadas en
la esquina sureste, teniendo al fondo aquel antiguo Mirador que allí existía y
que recientemente fue rescatado dentro del proyecto urbanístico Camino Real,
denominación ésta que corresponde al nombre primitivo de la calle quinta.
"No parece que con anterioridad a lo que nos muestra esta estampa hubiese algo
diferente aquí. Pero a fines del siglo XIX encontramos otros documentos gráficos
que nos indican un Parque, propiamente dicho, consecuente con un diseño formal,
con su núcleo destinado al monumento principal y sus zonas verdes trazadas
geométricamente, con senderos circunvalares y radiales que permitían el acceso y
tránsito en cualquier dirección, como en "la rosa de los vientos”.

Plaza de Caldas. Fotografía fechada en
1905, mencionada por Vejarano Varona. Debo la autoría de la foto
“Pueden apreciarse allí las primeras rústicas bancas de madera; las por
entonces apenas nacientes y hoy casi centenarias altísimas araucarias; y un
encierro de rejas y pilastrones alrededor; al fondo, la cuarta Catedral, aun
inconclusa, que se terminó en 1906; una tapia ocupando el frente del hoy Palacio
Arzobispal, y la tricentenaria Torre del Reloj. Al centro luce, como elemento
decorativo, una pila de agua, labrada en piedra de cantera que parece ser la
misma que hoy exorna la Plazuela de Santo Domingo y que, según refieren no bien
confirmadas tradiciones, .fue a parar después de 1910 a la Plaza principal de
Timbío, de donde se la rescató posteriormente a cambio de un busto del
Presidente Pedro Nel Ospina. (Este dato queda a la confrontación de personas
mejor versadas en estas remembranzas).
“Al celebrarse el primer centenario de la Independencia Nacional, en 1910, se
inauguró la estatua del sabio y mártir Francisco José de Caldas, acertada obra
escultórica de Ver/et, ocasión en que el Maestro Guillermo Valencia pronunció
una de sus magnas oraciones en homenaje al Prócer, en cuyo final se produjo un
silencio general de estupefacta y abstraída admiración que aprovechó el
ingenioso payanés Dr. Joaquín Rebolledo para expresar en voz alta esta frase
laudatoria para el orador: “Bien hizo el sabio en esperar un siglo”.

La calle 4a frente a la Plaza de Caldas y
festividades del Día de Reyes. Fotografías de principios del siglo XX Debo la
autoría de las fotos

“En esta misma oportunidad se dieron al servicio las bancas que hoy conocemos,
de soberbio diseño francés, en estructura y soportes artísticamente elaborados
en hierro forjado , sobre las cuales y desde entonces se ha tejido la crónica de
la ciudad.

Parque de Caldas antes de 1910 Debo la autoría de
la foto
<“Mis recuerdos personales de la Plaza de Caldas retienen solo algo más de medio
siglo de su existencia y ellos puedo, esos sí, compartirlos responsablemente con
los innumerables testigos de esta no tan lejana tradición. El Parque de Caldas
supo del juego de Negritos y de la Fiesta de Reyes; de los carnavales galantes
con artísticas carrozas, cuando cabalgatas de verdaderos “caballeros de a
caballo” homenajeaban con serpentinas y confettis a las hermosas damas que
presenciaban el desfile desde los balcones amados con macetas de geranios,
azaleas y crisantemos.
Fue testigo también esta Plaza de las ilustres Tertulias sostenidas bajo el
frondoso e inolvidable carbonero por la crema de la intelectualidad payanesa,
por personajes como los tres Maestros Guillermo Valencia, Rafael Maya y Efraín
Martínez; Carlos, Arcesio y Hernando López Narváez, los tres Toronjos; José
Ignacio Bustamante, Carlos Vernaza y Ramón Dolores Pérez; Carlos Simmonds,
Arcesio Aragón, Ramiro Ramírez y Víctor Aragón; Francisco Eduardo Diago, Manuel
Varona, Carlos Villamil, Francisco José Cháux y Matoño Arboleda; Julio Manuel
Ayerbe, Avelino Paz, José Manuel Rodríguez y Gustavo y Daniel Vejarano Segura, y
tantos otros destacados payaneses.
“Cuando las calles aledañas a la Plaza recibieron el primer baño de pavimento
asfáltico, hacia 1935, la colonia sirio-hebreo y libanesa obsequió en gesto
recordatorio y de solidaridad, las cuatro fuentes de agua enchapadas en
abigarrados y multicolores azulejos, que por algún tiempo fueron tema de
controversia como elemento decorativo, hasta que los payaneses nos acostumbramos
a aceptarlas como parte integral de su ornamentación.
“Capítulo aparte merecen, claro está, las tradicionales Retretas de los jueves
en la noche y de los domingos al medio día, interpretadas por la Banda de
Músicos del Batallón Junín N° 7, magistralmente dirigida en sus diferentes
épocas por Agustín Payán, autor del hermosísimo “Valse a Popayán”, por Eduardo
Hurtado, “el zambo”, por Efraín Orozco, gloria musical de Colombia, el Maestro
Anastasio Bolívar y por su pequeña hija Gloria Bolívar quien en varias
oportunidades llevó la batuta, trepada en un taburete, con solo 5 años de edad y
apenas si un metro de estatura. Y el inolvidable y virtuoso compositor don Pacho
Torres.
“Esta plaza fue escenario, igualmente, de grandes concentraciones religiosas,
cívicas y políticas, en una de las cuales recuerdo al fogoso y brillante orador,
el leopardo Augusto Ramírez Moreno, quien desde la tribuna y en homenaje a la
ciudad, en un peculiar estilo entre variaciones agudas y graves de su voz,
decía: “…y es que en Popayán, hasta los borricos tienen vocación para caballos
de estatua!”
“Las antiguas verjas que encerraban la plaza fueron reemplazadas, hacia 1940
luego de la pavimentación, por setos ornamentales de siemprevivas y resucitados;
y en este paraíso pubentino se intercalaban con las airosas araucarias dos
frondosos y fragantes magnolios, varios árboles de “la flor de mayo” un
alcornoque (de cuya corteza se extrae el corcho), un palo de mango, dos
colosales madroños y un copioso arrayán de Castilla, cuyos frutos perseguían
ansiosamente los escolares, ante el acoso inane de los policías que se esmeraban
por defender esos árboles.

Parque de Caldas frente a la Catedral. Fotografía
cortesía del Negro Bonilla
“De los recuerdos que dejo hasta aquí reseñados, en memoria
y homenaje de nuestra Plaza Mayor, quizá el que nos llega con más olor de
nostalgia es el de las retretas, cuando se daban cita allí todos los payaneses
para intercambiar en amena y ambulante tertulia, temas intrascendentes,
conceptos e impresiones del acontecer lugareño y, desde luego, el chisme del
día, mientras circundaban la plaza saludando a los amigos que venían en sentido
contrario y teniendo al fondo las notas regiamente interpretadas de notables y
eternas melodías de Strauss, Shubert, Albeniz, Hoffman, que nos iniciaban en el
conocimiento de los clásicos de la música, así como en el disfrute de los más
destacados compositores nacionales.
“Ahora, cuando se le entrega a la ciudad completamente restaurado y embellecido
nuestro entrañable Parque de Caldas y se inicia una campaña cívica a fin de que
aprendamos a respetarlo y a cuidarlo como a la sala de nuestra casa, invoco el
buen criterio de los organizadores de esta recuperación para que se deje un
espacio apropiado, plataforma o kiosco, para las retretas que, a no dudarlo, en
alguno futuro próximo apreciaremos de nuevo con toda su lucidez y esplendor.”
[3]
Estatua del Sabio Francisco José de Caldas y
Tenorio
Notas.
[1] Mi abuela, María Luisa Caicedo de Tenorio me contaba,
cuando yo era solo un niño, las peripecias de su padre, el general Julio Caicedo
y García, cuatro veces gobernador del Cauca Grande, cuando trajo desde Santa Fe
de Bogotá y a lomo de mula estos árboles para sembrarlos en la plaza.
[2] En quincallería, hierro fundido, diría yo.
[3] VEJARANO VARONA, Jaime. La Plaza de Caldas, tomado de
la red de payaneses de Mario Pachajoa Burbano.
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